Semblanza Julia de Burgos

Por: profesor Juan Camacho

Julia_de_burgosJulia Constanza Burgos García nació el 17 de febrero en el barrio Santa Cruz de Carolina en el 1914. Murió en otro barrio, en Harlem, Nueva York, en 1953. Hoy estamos a 100 años de su nacimiento y a 61 de su prematura muerte.

Julia cursó sus grados primarios en Carolina y Río Grande. Aunque su familia vivió en extrema pobreza, logŕo ingresar en la escuela superior de la universidad en el 1928, graduándose tres años más tarde e ingresando, mediante beca, en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

En 1933 se gradúa de maestra normalista y comienza su experiencia laboral. Primero en la PRERA, en Comerío, como empleada de una estación de leche, lugar en que los niños de familias pobres recibían desayuno gratuito; y luego como maestra en el barrio Cedro Arriba de Naranjito, época en que escribe el inmortal poema Río Grande de Loiza.

Julia trabaja en la Escuela del Aire de 1936 a 1937, excelente proyecto de programas radiales educativos que producía el entonces Departamento de Instrucción Pública.

Su primer libro, Poemas exactos a mi misma, (1937) fue editado a maquinilla. Y un año después publica “Poema en veinte surcos”, el cual distribuye personalmente, como vendedora ambulante, por todo el país. Con el importe de las ventas, habrá de sufragar, en parte, los gastos de enfermedad de su madre.

En 1940 viaja a Nueva York, donde fue objeto de entrevistas, y de invitaciones a conferencias y recitales.

De Nueva York viaja a Cuba. Allí conoce a Juan Marinello, Juan Bosch y Raul Roa, entre otros intelectuales. Así también, participó en actividades culturales y políticas en las cuales abogó por la independencia de Puerto Rico.

De Cuba regresa a Nueva York, y en esta ocasión, deambula por la ciudad en busca de empleo. De manera temporera, trabajó como empleada en una óptica, como empleada de un laboratorio químico, como vendedora de lámparas, como oficinista, costurera y redactora… cambiando continuamente de domicilio.

Como cualquier ser humano de su época y de la nuestra, Julia enfrentó problemas e inconvenientes en el trasncurso de su vida. Unos los pudo vencer, otros no. No obstante, entendemos que es injusto que se le recuerde, más allá del consenso de su calidad como poetisa, como la mujer fracasada, alcohólica, excesivamente romántica y pasional, enajenada de la realidad.

Julia fue más que un poema romántico; fue más que una relación amorosa; fue más que una mujer que enfrentó problemas.

Es hora de rescatar, sin que tengamos que reescribir la historia, a la otra Julia. A la otra Julia que también reclama la joven escritora Yolanda Arroyo Pizarro cuando escribe:

“Quiero conocer a la Julia revoltosa y desobediente; a la Julia de la rebelión, la que se codeó con Don Pedro Albizu Campos;  que escribió cartas a favor de la ex-carcelación de Juan Antonio Corretjer; aquella que sostenía reuniones con grandes pensadores y libertarios como Juan Bosch…”

Nosotros y nosotras queremos también conocer a la Julia cuyo nombre figura en la placa que resalta y conmemora la gesta de las mujeres en los eventos de 1950. Ver su nombre junto al de  Zoraida Cancel Miranda, Consuelo Lee, Doris y Delia Torresola, Lolita Lebrón, Blanca Canales, Carmín Pérez y las tres Isabel: Rosado, Freire y Gutiérrez.

Es nuestra responsabilidad rescatar a la Julia que se nos ha querido esconder . A la Julia que se nos presenta sin rumbo, en el alcohol y en el excesivo romanticismo y fatalismo.

Echemos a un lado los biógrafos que lejos de resaltar los elementos que motivan, reafirman y transforman a un pueblo, practican una tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice.

Como Julia, otros han sufrido ese proceder. Por eso Eugenio María de Hostos y Ramón Emeterio Betances, dos  grandes políticos y revolucionarios de nivel continental, sólo son un “educador” y un “médico”.  Y Lola Rodríguez de Tió y Luisa Capetillo, sólo son recordadas  por su “recorte de pelo” una y por el “uso de pantalones” la otra. Sin olvidar a la combatiente y revolucionaria Mariana Bracetti, quien en nuestros textos, aún de autores contemporáneos, sólo es la hacendosa mujer que cosió la bandera de Lares.

Con este proceder, se deja atrás los elementos que motivaron la vida y la razón de ser de estas personas.  Inferimos que  esa práctica haya comenzado cuando se nos enseñó en las escuelas que Jorge Washington nunca dijo una mentira, escondiendo con este simplismo lo que verdaderamente fue: un patriota que peleó por la libertad de su pueblo.

La obra y la vida de Julia hay que analizarla en el contexto de la realidad de la época. Si la analizamos sólo como el testimonio de una mujer que se martirizó y murió de amor es cuando menos simplista, anti-mujer y anti-patriótico.

Nos parece interesante y objetivo el análisis que hace la profesora Maria M. Solá sobre la obra de Julia. Sin rayar en la exageración, la profesora escribe:

“Muchos de sus poemas cantan el gozo del amor y del paisaje, con sensualidad a la vez que con altura sublime, o interpolan el cosmos con fervor y condolidas preguntas. Un número significativo de ella expresa reacciones ante los convencionalismos, la desigualdad y la injusticia socio-política: el coloniaje, la explotación, la guerra.  En conjunto, proyecta la voz poética de un ser que unirá con vehemencia y reflexión hacia afuera y hacia adentro de sí, de una mujer exuberante, inteligente y generosa…

En sólo tres libros, donde no hay más de ciento cincuenta poemas, y algunos escritos publicados en la prensa, Julia de Burgos logró reflejar muchos de los estados de ánimo tan variados y a veces contradictorios, que han estremecido al ser humano del siglo X…”

Ese es el contexto de la realidad que vivió Julia de Burgos. Una época difícil tanto en Puerto Rico como en  el mundo entero. La pobreza extrema, las dos guerras mundiales, la crisis financiera de los años treinta, grandes y mortales enfermedades, el cambio del modelo agrícola a la manufactura, el sufragio femenino, el empleo asalariado de la mujer, entre otras situaciones. Esa realidad la vivió Julia, no en versos, sino en carne propia.

Repasemos algunos versos de tres de los poemas de Julia, que por estar relacionados con su gestión de lucha independentista y de justicia social, no son los que usan los biógrafos como representativos de su obra.

El primero es Somos Puños Cerrados.  Este poema fue escrito en el 1938 y está relacionado con la huelga de los muelles; huelga que el Partido Comunista Puertorriqueño dio dirección y en la que participó el lider obrero socialista Juan Sáez Corales, esposo de Consuelo, la hermana de Julia.

Lancemos la ofensiva

en un soberbio empuje proletario

Nuestras mentes alertas.

Nuestros brazos parados.

rechazando la carga de los muelles.

Mientras el rico insiste en explotarnos

continuemos la huelga camaradas:

!ya no somos esclavos!

Anunciemos el grito presente:

!somos puños cerrados!

El segundo poema es Desde el Puente de Martín Peña, poema publicado también en 1938. No solamente denuncia el hambre, la carencia y la angustia del obrero y su familia, sino que ofrece respuesta y solución: la unión entre obreros y campesinos.

!Obreros! Picad el miedo.

Vuestra es la atierra desnuda.

Saltad el hambre y la muerte

por sobre la honda laguna,

y uníos a los campesinos,

y a los que en caña se anudan.

Rómpase un millón de puños

contra moral tan injusta.

Alzad, vuestros brazos

como se alzaron en Rusia.

Es Nuestra la Hora es el tercer poema, el cual sintetiza magistralmente la lucha obrera-campesina, describiendo el robo y la necesidad del campesino, mencionando al culpable de su condición e invitándolo a bajar de las montañas para unirse a la lucha de la población urbana.

Campesino noble

tu tragedia tiene solo una respuesta

afila tu azada

aceita tu machete

y templa tu alma.

Baja de tus riscos

y cruza los prados borrachos de caña

Acércate!

Que en las poblacones también hay tragedia

también hay desgracia

te esperan tus pobres hermanos del mangle

y los jornaleros

y las costureras

Acércate!

Como se observa en los fragmentos de estos tres poemas, Julia escribe desde la perspectiva de la lucha de clases, de manera abierta, sin titubeos. La influencia de la Rusia comunista, a casi veinte años de su revolución, está presente, de manera amenazante,  en su discurso poético.

Más allá de la gestión política nacional, la obra poética de Julia impactó  en el Caribe y en América. Ese impacto, de pura solidaridad caribeña, se refleja en los poemas Soneto a José Martí e Himno de Sangre a Trujillo. 

En el primero Julia destaca, en el primer verso del soneto, la hermandad y solidaridad  entre Cuba y Puerto Rico. Julia le dice a Martí:

Yo vengo de la tierra mitad de tu destino  ….

Y en el segundo, condena la dictadura trujillista, resalta las víctimas del dictador y se solidariza con el pueblo dominicano.

!Maldición , General,

desde el sepulcro en armas

que reclama tu vida

desde la voz presente de los muertos

que marchan a polvorrear de cruces

tu insolente conquista.

Maldición desde el grito amplio y definitivo

que por mi voz te busca

desde todas tus víctimas.

Sombra para tu nombre, General.

Sombra para tu crimen, General.

Sombra para tu sombra.

Más allá de sus poemas, Julia mantuvo su gestión independentista y transformadora a través de discursos, charlas y conferencias. Por eso en 1936, en su discurso La mujer ante el dolor de la Patria, en el Ateneo Puertorriqueño, hace  un llamado a las mujeres presentes recabando, de manera contundente,  ayuda material a la causa por la liberación de Pedro Albizu Campos y por la independencia de Puerto Rico:

“ Necesitamos recursos, recursos materiales. Hay que darlo todo. Es un deber darlo todo. Es un imperativo. Tus alhajas, mujer, no son necesarias, tu dinero es imprescindible. No podemos detenernos en la lucha por falta de un recurso material. El mundo entero se avergonzará de nosotras si se entera que por falta de recursos materiales, la lucha por la libertad de nuestros patriotas y por la libertad de nuestra patria, causa que van hermanadas una a la otra, se detiene. Que nunca se diga jamás que eso ha sucedido en Puerto Rico. Vida y hacienda es preciso dar. Hay que salvar nuestros hombres y hay que salvar nuestra patria. Da tu concurso entero, mujer. Da tu concurso pleno, hombre. Y que sea toda esa consagración un goce santo, un goce inmenso, el goce hondo, del alma, que significa el haber cumplido con nuestro deber de dignas hijas e hijos de esta sagrada tierra.”

Julia fue y es inmensa. Vivió una vida corta pero intensa, llena de sentimientos y sufrimientos. Llena de lucha, de amor, de creación.

Unos dicen que se adelantó a su época, ella dijo que estaba “hecha de presentes”;

unos han intentado trazar su camino, pero ella misma fue su ruta;

unos quisieron encajonarla  en la resignación y la sumisión, pero ella fue “Rocinante corriendo desbocado, olfateando horizontes de justicia ….”

Unos quisieron culpar al hombre por su desgracia, pero  ella exclamó: “no es él el que me lleva, es mi vida que en su vida palpita”.

Viva Julia la poetisa, la mujer, la revolucionaria!!!

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