¡Ya arrancó la brigada!

Los brigadistas en el monumento a Martí en el Parque Central de La Habana

Hasta el día hoy 116 integrantes de la XX Brigada Juan Rius Rivera ya se encuentran en Cuba. El hotel “Las Yagrumas”, ubicado en San Antonio de los Baños, ha sido invadido por el entusiasmo boricua.

Dos décadas lleva este colectivo reafirmando los lazos de amistad entre ambos pueblos y desafiando el bloqueo norteamericano impuesto a la mayor de la Antillas para destruir a la naciente Revolución Socialista en América.

Intensa e inolvidable fue la jornada de ayer domingo 10 de julio. En la mañana nos reunimos en el Parque Central de La Habana para rendir homenaje a José Martí, el mismo que hizo de las luchas de Puerto Rico y Cuba contra el colonialismo español en una única causa.

Se rememoró que hace XX años cuando el imperialismo apostaba por la desaparición de la Revolución, un grupo de compatriotas decidió viajar a Cuba en franco desafío a las restricciones que el gobierno de los Estados Unidos impone a los boricuas, sometidos al régimen colonial nortreamericano desde 1898.

Seguidamente el contingente se trasladó al Parque de la Fraternidad donde honró al prócer independentista Ramón Emeterio Betances. El parque -ubicado a pocos pasos del Capitolio Nacional- se erigió a lo memoria de los hombres y mujeres del continente americano que dedicaron su vida al servicio de sus respectivas naciones.

Durante el tributo al insigne patriota, Kenia Serrano, presidenta del Instituto Cubano de Amistad con Los Pueblos (ICAP) expresó que la presencia de la brigada es la continuidad de las senda iniciada desde los tiempos de Maceo y Martí y recordó el apoyo que Fidel Castro-entonces estudiante de Derecho- dio al Comité Pro Libertad de Puerto Rico.

En la necrópolis de Colón se depositaron sendas ofrendas florales ante el nicho que el Panteón de los Caídos en la Defensa de la Patria guarda los restos del general Juan Rius Rivera y en la tumba de la poetiza y revolucionaria Lola Rodríguez de Tió.

Uno de los directivos del cementerio entregó a Milagros Rivera la primera bandera que se colocó en el sepulcro de la Lola . Luego el canto de la Borinqueña revolucionaria entonado por todos los presentes interrumpió el silencio del camposanto.

Ya en la tarde la Rius Rivera nos recibieron en el Museo de la Revolución que guarda (entre otras invaluables piezas históricas) al yate Granma, embarcación que transportó a Cuba la simiente de lo que sería meses más tarde el Ejército Rebelde comando por Fidel. Allí vendría también el legendario Ernesto Che Guevara.

Quizás el momento más emocionante fue la presentación de Abracadabra, a cargo de la multilaureada compañía infantil de teatro La Colmenita.

Abracadabra -escrita por niños- no se define como una obra de teatro, sino “una acción de justicia y vida.” Inspirada en ejemplo de los cinco antiterroristas cubanos presos en cárceles norteamericanas, hace casi 13 años, la representación nos hizo descubrir el ser humano que hay bajo el ropaje de héroe.

La obra nos conmovió profundamente sobre todo cuando se proyectaron imágenes inéditas de la vida familiar de Los Cinco junto a sus seres más queridos.

Al concluir la presentación los pequeños artistas nos regalaron un espectáculo musical que incluyó temas de Los Van Van, Adalberto Álvarez e interpretaron Preciosa y Lamento borincano.

Cubanos y boricuas quedamos sorprendidos por la calidad de La Colmenita, declarada Embajadora de Buena Voluntad de la UNICEF.

Juan Carlos Cremata, director de ese proyecto, saludó “a los hermanos de Puerto Rico” y manifestó su alegría de recibirnos una vez más.

Cremata es hijo de uno de los tripulantes de la aeronave de Cubana de Aviación saboteada en pleno vuelo el 6 de octubre de 1976 frente a las costas de Barbados.

“Me quedé sin palabras ante el talento de los niños y niñas de la compañía. Bailan, cantan y actúan muy bien”, me dijo en el hotel Camila Crespo una chica de 15 años que viene por primera vez a Cuba y es la hermano del pequeño Sabatián que canta junto a los Hermanos Sanz.

“Subí al escenario con ellos y fue una oportunidad única.Vi la modestia de ellos y eso los hace más grande.”, me comentó.

Vale agregar que ninguno de los niños ha recibido instrucción musical de tipo académica sino que junto a la actuación han ido aprendiendo a tocar los instrumentos.

Sentimos en todos lados, incluso en la calle, las expresiones del amor de los cubanos a hacia Puerto Rico. No pedían banderas, hablan sobre música con nosotros, incluso una artesana nos obsequio unos collares hecho de semillas al advertir que éramos hijos de la otra ala de un mismo pájaro. Y por si quedaran dudas hasta un chofer de Bicitaxi convidó a bailar salsa a una de las brigadistas más veteranas, minutos antes de regresar al hotel.

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