La Isla de Mármol (segunda parte)

La Brigada junto al Consejo de Dirección del hospital “Héroes del Baire”

La visita al Hospital General Docente “Héroes del Baire” marcó el inicio del segundo día de actividades de la Brigada en la Isla. El colectivo solidario fue recibido por una representación del Consejo de Dirección de la principal institución sanitaria de la Isla de la Juventud.

Bárbara Daudinot, directora del hospital, dio una amplia explicación sobre los servicios que se brindan en esa instalación, inmersa en un amplio proyecto de reparación y ampliación que la pondrá al nivel de las existentes en cualquiera de las existentes en las capitales provinciales del resto del país.

Con de 300 camas, “Héroes del Baire” es un hospital clínico -quirúrgico, pediátrico y gineco-obstétrico, uno de los pocos en Cuba que reúne una gama tan diversa de servicios, hecho que ha contribuido a disminuir el traslado de pacientes hacia la isla grande. 

En  2008 varias de sus salas fueron dañadas severamente por los huracanes que azotaron al territorio pinero lo que obligó al traslado de muchos convalecientes hacia La Habana. Cuenta la doctora Daudinot – en ese momento se encontraba de misión en Venezuela- que en instantes tan difíciles lo que ayudó  a revertir la crisis fue la unidad de todo colectivo.

“Hubo mucha sensibilidad de todo nuestro personal que se olvidó de que también nuestras casas habían perdido techos, puertas, ventanas y estaban aquí, en la primera trinchera salvando vidas.”

Las condiciones precarias en que los meteoros dejaron al centro asistencial han ido quedando atrás, gracias a las millonarias inversiones que ha acometido el gobierno revolucionario y al apoyo de organismos internacionales, entre ellos la Organización Panamericana de la Salud, que financia la sustitución de todos los sistemas ingenieros que el concluir hará de este, el primer hospital “seguro ante desastres naturales”.

Los brigadistas realizaron un recorrido por el interior de la instalación que concluyó en el piso donde se construyen las nuevas salas de cuidados intensivos, que estarán dotadas de las más modernas tecnologías para atender a pacientes de alto riesgo vital.

Para muchos esta resultó una oportunidad inédita conocer bien de cerca el sistema cubano de salud, así como la posibilidad de recorrer un institución que se convertirá muy pronto en una de las mejores de la nación por la calidad de los servicios y de su capital humano.

Otro de los sitios visitados por los miembros de la Juan Rius Rivera fue el Taller Experimental de Artes Aplicadas, dedicado a la elaboración de objetos de cerámica, alguno de los cuales adornaran más de una sala en Puerto Rico.

El mediodía sorprendió a los brigadistas en la finca El Abra, sitio en el que  el adolescente José Martí se retiró para recuperarse de las heridas físicas y psicológicas sufridas durante su permanencia en la Real Cárcel de La Habana, a donde fue enviado con solo 16 años por expresar sus ideas independentistas.

En la tarde el contingente boricua recorrió las edificaciones del antiguo Presidio Modelo, reclusorio por el que pasaron muchos revolucionarios como el internacionalista  boricua-cubano Pablo de la Torriente Brau.

Esto muros resultaron inertes cuando hasta aquí llegaron Fidel Castro y los jóvenes sobrevivientes de los acontecimientos del 26 de julio de 1953.

 Ver el dormitorio donde pernoctaban los muchachos de la Generación del Centenario y la habitación en la que el líder de la Revolución escribió y envió clandestinamente la reconstrucción de la “Historia me absolverá”, quedarán asidos a la memoria de todos los que allí estuvieron.  

Luego de un breve viaje en guagua hasta el corazón de Nueva Gerona, entramos al Museo Municipal, espacio imprescindible para acercarse a la historia de la más joven de las islas cubanas.

La noche estuvo reservada para la gala de despedida efectuada en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), a cargo de un elenco de artistas locales.

Desde 1998 la Brigada Juan Rius Rivera no llegaba hasta la Isla de la Juventud, de donde se lleva grandes recuerdos gracias al calor y a la perseverancia de su gente curtida entre ciclones, la belleza de sus paisajes y la riqueza de su historia.

Los pineros también recordaran el contingente de boricuas que llegó compartiendo la misma suerte en un catamarán sin aire acondicionado. La brigada que dejó su huella de amor sobre los corazones y la de sus zapatos sobre el mármol que brota de esa tierra.

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