La mujer puertorriqueña en lucha y resistencia por sus derechos*

Cuqui-CEA

Carmen Virginia López Vélez

Por Carmen Virginia López Vélez

Desde principios del siglo XX, la mujer se incorpora al trabajo asalariado, y es ahí a la luz de la realidad que comienza a vivir, que ve la necesidad de la organización sindical.  La doble jornada, las limitaciones para obtener una mejor educación, el machismo y específicamente la desigualdad y explotación dentro del mundo laboral (oficios y salarios) les permiten ver la importancia de la organización para mejorar sus condiciones de vida.  Así lo explican los periódicos de la época, (Unión Obrera, Justicia, El Mundo, La Democracia, El Buscapié entre otros).

Las mujeres que se destacan en la lucha obrera, no están ajenas a la realidad política de Puerto Rico.  Al Coloso del Norte, como le llamaban al imperialismo, lo combatieron desde sus talleres, específicamente las despalilladoras del tabaco.  Ahí se destaca Juana Colón, comerieña, afroboricua, curandera, lavandera, planchadora, organizadora, sin escolaridad alguna pero con agallas suficientes para enfrentar a ese patrono en las huelgas tabacaleras del 1917, 1918 y 1919. Eso ocurría en la Zona Central de la Isla, donde la American Tobacco, Co y la Porto Rico Leaf Tobacco Co., reinaban.  Mientras tanto en Arecibo y la Zona este de la Isla eran organizadas por otra mujer, Luisa Capetillo. Luisa al igual que Juana, se enfrentaron a la represión con valentía. Así lo hizo en Vieques durante la Huelga Agrícola.

Luisa a diferencia de Juana, era culta, fue lectora en los talleres y tenía un estilo vanguardista para la época, ser vegetariana. Participó de la Huelga de los Zapateros en República Dominicana (donde no le permitieron dar su discurso, por no entregar al censor ese documento y al cual se negó por supuesto). Llegó hasta Cuba y también viajó a Nueva York.

Si bien es cierto que los hombres vieron en la mujer su militancia, tampoco es menos cierto que la vio como una amenaza por el crecimiento de estas en la industria.  Durante los años treinta, hubo numerosos movimientos huelgarios de mujeres trabajadoras, aparte de las uniones que existían (8) y que organizaron en diferentes pueblos de la Isla, entre ellos Mayagüez, Cayey, Coamo, Vega Baja, y Juncos.

La década de 1940, se destaca por ser la industria de la aguja y esta actividad económica se convierte en el sector que más mujeres empleaba.  Así como fue la de mayor crecimiento, también se incrementó la explotación hacia estas y la urgencia de que se organizaran.

(53,000 trabajadoras, para un 26%).  Cabe mencionar a otras mujeres que se destacaron como Dominga de la Cruz, quien fue acogida en Cuba tras la represión desatada en Puerto Rico contra lass nacionalistas.  Hay que recordar que Lolita Lebrón también fue costurera.

Desde El Grito de Lares, las huelgas antes mencionadas, la Masacre de Ponce, la Insurreción Nacionalista, el Ataque al Congreso, las huelgas magisteriales, las de la salud, la huelga de la telefónica, convertida en huelga del pueblo, las protagonistas han sido mujeres. No solamente por ser mayoría en la fuerza laboral, sino; por el arrojo ante el atropello insostenible de la barbarie capitalista y colonialista.

La industrialización da paso a un crecimiento urbano y una mayor cantidad de mujeres ingresa a la fuerza de trabajo.  En este proceso llegan uniones norteamericanas que organizarían a mujeres y a hombres.  La Ley Taft Harley fue aplicada a Puerto Rico y esto fue demoledor para el movimiento obrero.  Diversos factores hacen que la industria liviana (manufactura) desaparezca al igual que la industria pesada (refinerías y petroquímicas). La política implantada para generar una economía, ha sido una de inversión extranjera basada en las exenciones contributivas, así como la de un flujo en el movimiento de mercancías y esto debido a la relación política existente entre Puerto Rico y la metrópoli.  Estas exenciones abarcan el atraer industrias de alta tecnología como lo son: farmacéuticas, maquinaria eléctrica, electrónica, químicos e intrumentos científicos y profesionales.  En la industria de servicio están la banca, seguros y comercio internacional.

Esto implica unos cambios dentro de la composición de empleos y es la mujer la que se ha visto perjudicada al reducirse el trabajo, mientras el hombre mantiene una posición privilegiada.  Dentro de ese escenario se ha visto a la mujer como fuente de mano de obra barata, con horarios y turnos de trabajo diferentes a la de los hombres, manteniéndolas con pocas oportunidades de mejoramiento.   Cabe destacar que (1) “con la creciente incorporación de la mujer al trabajo, han cambiado fundamentalmente los patrones de autoridad y la división sexual dentro del hogar”, no así en los sindicatos. No hay duda de que los sindicatos (unos más que otros) han logrado mayores beneficios marginales (plan médico, centro de cuido, licencias para estudios) pero a la misma vez hay un temor generalizado de que demandar mayores beneficios, es inducir a que las industrias se vayan a otros países, donde la mano de obra es más barata.

Luego de la desaparición de las empresas bajo la Sección 936, la economía entró en una recesión , la cual se agudizó con la Ley 7 de Emergencia Fiscal y el despido masivo de trabajadoras y trabajadores siendo las jefas de familia, el sector doblemente golpeado.  La Ley 66 de Sostenibilidad económica, aprobada este cuatrienio, no se ha quedado atrás, los efectos en los cortes de servicio y calidad de vida ya se están dando y sintiendo.  La inmigración ha sido otro efecto demoledor en nuestra sociedad. Si damos una mirada a nuestra historia, las mujeres seguimos siendo la mayoría poblacional (52.01), fuerza trabajadora (53%) y electoral ( 54 8% ).  Pero esa fuerza no se ha convertido en un poder decisional, en una toma de conciencia que reclame lo que por derecho nos pertenece.  El paternalismo de los líderes sindicales, el estado con la dependencia de inversiones extranjeras, la brecha generacional entre mujeres, la falta de solidaridad entre compañeros y compañeras, han sido el hilo conductor en la madeja que aun no termina de desembobinar.  Las páginas de nuestra historia están escritas con esas mujeres luchadoras que con arrojo y tenacidad rompieron esquemas, y que durante ciento dieciocho años han estado batallando con la realidad jurídico-política de Nuestra Isla, así como con la crisis canibalista.  Es un reto y razón de ser para las mujeres seguir luchando para poder equilibrar las fuerzas en nuestra.

¡ SOCIEDAD, POR LA SOLIDARIDAD CARIBEÑA, LATINOAMERICANA Y MUNDIAL!

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