Mensaje en ocasión de la visita a Cuba de la 25 Brigada Juan Rius Rivera

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Por: Miriam Montes-Mock
 ¡Saludos, compañeros y compañeras de la Brigada Juan Rius Rivera!
 ¡Saludos, hermanos caribeños de la bella isla de Cuba!
 Les envío mi felicitación y mi cariño a través de estas letras ya que, aunque me hubiera gustado mucho estar entre ustedes, otros compromisos de trabajo me lo impidieron.
La labor de la Brigada Juan Rius Rivera es una muestra clara de que los lazos de amistad y solidaridad entre Cuba y Puerto Rico continúan tan fuertes como lo fueron un siglo atrás, mientras los héroes y heroínas que compartíamos, luchaban por la independencia de ambas islas hermanas. ¡Hasta las banderas de las dos islas son hermanas!

Vienen a mi mente nombres como José Martí, Ramón Emeterio Betances, Lola Rodríguez de Tió (tan puertorriqueña como cubana), Eugenio María de Hostos, Pachín Marín, Valero de Bernabé, Antonio Vélez Alvarado y Juan Rius Rivera, entre muchos otros. Para entonces, la misma ansia libertaria ardía en las entrañas de cubanos y puertorriqueños. Derramaban la misma sangre, igual por Cuba que por Puerto Rico. Se trataba de un mismo amor patrio, un mismo principio de igualdad y soberanía, una misma lucha.
Hoy, aún existen patriotas caribeños que ofrendan la vida donde la conciencia les impulsa a hacerlo. El lugar de nacimiento no es el criterio que se impone. Ofrendan su tiempo, sus recursos y su energía en una isla hermana porque el afán de justicia no conoce de barreras geográficas. Y porque entre Cuba y Puerto Rico, el vínculo de la hermandad ha resultado ser a prueba del tiempo y sus rumbos.
Ustedes, brigadistas, son de esos patriotas. Gracias por amar a Cuba. Y gracias por ensalzar los valores solidarios de los puertorriqueños y demás vecinos hispanoamericanos.
 
No puedo menos que recordar también la gesta de Ana Belén Montes, de padres puertorriqueños, quien a pesar de nacer en Alemania y crecer en los Estados Unidos, hizo suyo el derecho del pueblo cubano de construir su propio destino. Obedeció su consciencia y protegió a Cuba de las políticas hostiles del gobierno estadounidense, muy a pesar del riesgo inmenso que ello implicaba. Ana cumple una sentencia de veinticinco años por haber practicado los principios de justicia y paz que latieron en su consciencia. Durante catorce años una cárcel fría e inhóspita acorrala su cuerpo, mas no su espíritu. Ana sobrevive. Su encierro no ha logrado debilitar el anhelo de amistad entre los pueblos que la animó a sacrificar su vida.
Gracias, Ana. Cuba te saluda. Puerto Rico te saluda.
¡Libertad para Ana Belén Montes!
¡Adelante, compatriotas! 
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